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Por Tere Ubillús
Publicado en el Semanario
"Hora Cero"
(Del 26 de junio al 02 de julio)
Publicado en el Semanario
"Hora Cero"
(Del 26 de junio al 02 de julio)
Inicio esta columna
con una sonrisa frente a mi computadora con la convicción de contribuir con el
buen comportamiento, la fe y el optimismo por la vida. Pase lo que pase uno
debe estar feliz, mantener la calma –ante cualquier circunstancia de la vida,
sea esta emocional, laboral, económica, esta última que afecta a todo el mundo:
el dinero. Pero eso no hace a la persona; sin embargo, es importante para
muchas cosas: pagar la renta de la casa, alimentos, movilidad, vestimenta,
entre otros gastos y gustitos.
¿Qué pasa con los
empleados del sector público? Detrás de cada uno de ellos hay cien mil personas
que quieren ocupar sus puestos, no por menospreciar la preparación o
capacitación de los que tienen la bendición de trabajar; pero por el hecho de
sentirse seguros u atornillados en dicho centro laboral, les da el derecho de
no cumplir a cabalidad con su trabajo. Se quejan del sueldo, en primer lugar.
Bueno, yo les diría: “Den Gracias, que tienen un sueldo, sea este el mínimo;
pero sirve de ayuda para sus hogares. Caso contrario anímense a poner un
negocio propio, podría ser el de ventas de comidas o dulces. Excelentes negocios”.
Y, de esa forma, no tienen un jefe, ni horario que los atormente, ni mucho
menos que los estrese. De manera que dejen lugar a otros que sí están
dispuestos a trabajar a conciencia en lo que se les indique que tienen que
realizar. Sobre todo en atención al
público.
Al respecto, pienso,
opino que en los puestos de “atención al cliente” –puesto clave para la imagen
de una empresa- deben ser personas idóneas, más que inteligentes y de buena
presencia (aunque es cierto lo que dice una canción: “la pinta es lo de menos”)
que sepan solucionar problemas y atender bien a las personas y llevar un clima
cordial en su centro laboral. Eso es básico en todo trabajo.
Me pasó el “creíble”
caso de atención a mi padre en Essalud con una señorita de Atención al Asegurado.
Ojo, no hablo de los médicos que me trataron como a una reina. Gracias, desde
estas líneas y más por la atención a mi padre.
Continúo con la
jovencita a quien solicité una cita para una ecografía maxilar derecha y la vi
que tomó el teléfono y consultó -lean bien esto: ¿Hay cita para ecografía de
rodilla? No me dejará mentir un agradable médico que estaba en el mostrador,
porque también le iba a solicitar algo y nos miramos sorprendidos. No me quedé
callada, obviamente y, dije –sintiendo mucho el caso del señor a quien le
amputaron la pierna que no debían-: “Por eso es que hay tantas negligencias
médicas y la causa puede venir desde estos módulos de citas”. El doctor
avergonzado (vergüenza ajena, obviamente) me preguntó: ¿Cuál era mi malestar?
Le contesté que no era yo quien pedía atención, sino para mi papá, a quien
tenía a mi lado. Y, de inmediato, se lo llevó a su consultorio de Odontología para
observarlo. Entiendo que sería para reivindicar cierta acción de la señorita. A
quien me quedé diciéndole: ¿Qué tiene que ver la rodilla con el maxilar? Muy
insensible me respondió: “Es lo mismo”.
Dios mío pensé. ¿Qué
es esto? Pero le agradecí tanto a Mi Dios por ponerme ángeles en mi camino. Al
doctor que atendió a mi papá en un principio, de medicina general; al
odontólogo y luego al médico técnico que le hizo la ecografía. Estupendas
personas y, sobre todo, PROFESIONALES.
Pero esta historia
continuará la próxima semana, pues seguiré observando la atención, no solo, de
Essalud, sino de otros lugares del sector público. Anuncio mi arribo al Poder
Judicial por un asunto personal y que es un “historión”, como dirían los
mexicanos. Tengo un juicio pendiente que ya es una criatura de cuatro años de
edad. Sí, me tienen paseando desde hace cuatro años por esos lares judiciales. Ya
se los contaré, no coman ansias. Gracias por leerme.

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