miércoles, 25 de julio de 2012

CAMINANDO POR LA VIDA





Por Tere Ubillús
Publicado en el Semanario
"Hora Cero"
(Del 26 de junio al 02 de julio) 

Inicio esta columna con una sonrisa frente a mi computadora con la convicción de contribuir con el buen comportamiento, la fe y el optimismo por la vida. Pase lo que pase uno debe estar feliz, mantener la calma –ante cualquier circunstancia de la vida, sea esta emocional, laboral, económica, esta última que afecta a todo el mundo: el dinero. Pero eso no hace a la persona; sin embargo, es importante para muchas cosas: pagar la renta de la casa, alimentos, movilidad, vestimenta, entre otros gastos y gustitos.
¿Qué pasa con los empleados del sector público? Detrás de cada uno de ellos hay cien mil personas que quieren ocupar sus puestos, no por menospreciar la preparación o capacitación de los que tienen la bendición de trabajar; pero por el hecho de sentirse seguros u atornillados en dicho centro laboral, les da el derecho de no cumplir a cabalidad con su trabajo. Se quejan del sueldo, en primer lugar. Bueno, yo les diría: “Den Gracias, que tienen un sueldo, sea este el mínimo; pero sirve de ayuda para sus hogares. Caso contrario anímense a poner un negocio propio, podría ser el de ventas de comidas o dulces. Excelentes negocios”. Y, de esa forma, no tienen un jefe, ni horario que los atormente, ni mucho menos que los estrese. De manera que dejen lugar a otros que sí están dispuestos a trabajar a conciencia en lo que se les indique que tienen que realizar.  Sobre todo en atención al público.
Al respecto, pienso, opino que en los puestos de “atención al cliente” –puesto clave para la imagen de una empresa- deben ser personas idóneas, más que inteligentes y de buena presencia (aunque es cierto lo que dice una canción: “la pinta es lo de menos”) que sepan solucionar problemas y atender bien a las personas y llevar un clima cordial en su centro laboral. Eso es básico en todo trabajo.
Me pasó el “creíble” caso de atención a mi padre en Essalud con una señorita de Atención al Asegurado. Ojo, no hablo de los médicos que me trataron como a una reina. Gracias, desde estas líneas y más por la atención a mi padre.
Continúo con la jovencita a quien solicité una cita para una ecografía maxilar derecha y la vi que tomó el teléfono y consultó -lean bien esto: ¿Hay cita para ecografía de rodilla? No me dejará mentir un agradable médico que estaba en el mostrador, porque también le iba a solicitar algo y nos miramos sorprendidos. No me quedé callada, obviamente y, dije –sintiendo mucho el caso del señor a quien le amputaron la pierna que no debían-: “Por eso es que hay tantas negligencias médicas y la causa puede venir desde estos módulos de citas”. El doctor avergonzado (vergüenza ajena, obviamente) me preguntó: ¿Cuál era mi malestar? Le contesté que no era yo quien pedía atención, sino para mi papá, a quien tenía a mi lado. Y, de inmediato, se lo llevó a su consultorio de Odontología para observarlo. Entiendo que sería para reivindicar cierta acción de la señorita. A quien me quedé diciéndole: ¿Qué tiene que ver la rodilla con el maxilar? Muy insensible me respondió: “Es lo mismo”.
Dios mío pensé. ¿Qué es esto? Pero le agradecí tanto a Mi Dios por ponerme ángeles en mi camino. Al doctor que atendió a mi papá en un principio, de medicina general; al odontólogo y luego al médico técnico que le hizo la ecografía. Estupendas personas y, sobre todo, PROFESIONALES.
Pero esta historia continuará la próxima semana, pues seguiré observando la atención, no solo, de Essalud, sino de otros lugares del sector público. Anuncio mi arribo al Poder Judicial por un asunto personal y que es un “historión”, como dirían los mexicanos. Tengo un juicio pendiente que ya es una criatura de cuatro años de edad. Sí, me tienen paseando desde hace cuatro años por esos lares judiciales. Ya se los contaré, no coman ansias. Gracias por leerme.

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